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¿Por qué padecemos ansiedad?

“Si el género humano no experimentase ansiedad, no sería lo que es evolutivamente ni habría sobrevivido”

 ¿Qué es la ansiedad?

 La ansiedad es una respuesta innata de nuestra especie, que tiene como función primordial garantizar nuestra supervivencia.

Imaginemos por un momento a nuestros primigenios ancestros. Tenían que enfrentarse habitualmente con depredadores o con tribus hostiles que pugnaban por un mismo territorio, circunstancias en las que se jugaban literalmente la vida. En esos momentos, ante la súbita presencia de un león hambriento o de un guerrero rival, los hombres primitivos experimentaban internamente sensaciones corporales intensas; su corazón y respiración se aceleraban, sus músculos se tensaban; en su mente aparecía una inminente señal de peligro y un miedo intenso recorría su cuerpo, lo cual los llevaba a actuar rápidamente para salvar su vida y ponerse a salvo.

Esta manera de afrontar el peligro ha sido una constante en nuestra evolución como especie, y cada vez que nos encontramos en situaciones amenazantes, reaccionamos y procedemos de forma similar, activando el circuito de la ansiedad, el cual nos capacita para actuar más eficazmente para sobrevivir.

En resumen, podríamos afirmar que la ansiedad es nuestra aliada en momentos difíciles, forma parte de nosotros como especie, es beneficiosa y nos ayuda a pensar más rápidamente, a expresarnos mejor, a incrementar nuestros reflejos, y a correr más deprisa cuando lo necesitamos.

La ansiedad nos ha acompañado hasta nuestra sociedad civilizada, y su función sigue siendo la misma, aunque ya no nos exponemos a los mismos estímulos aversivos que acechaban al hombre primitivo. Su utilidad guarda relación con peligros reales o con escenarios no cotidianos que implican un reto o desafío. En general, son situaciones donde existe un riesgo para la supervivencia, momentos en que sentimos que perdemos el control sobre lo que nos sucede, eventos en los cuales nos sentimos evaluados y dependemos de que el resultado de dicha valoración sea favorable o no a nuestros intereses, situaciones desconocidas, novedosas o ambiguas para nosotros, o aquellas en las que están involucrados elementos fóbicos como las aglomeraciones, la sangre, animales inofensivos, espacios cerrados, etc.

 ¿Cuándo deja de ser funcional la ansiedad?

En determinadas circunstancias, este mecanismo de ansiedad nos puede traicionar y volverse en nuestra contra, ocasionándonos un problema de salud e incapacitándonos para vivir una vida plena.

Esto puede suceder de dos formas:

  1. Cuando aparece en situaciones que no suponen ningún riesgo o amenaza, o si existe peligro este es bajo (viajar en avión, subir en un ascensor…)
  2. Cuando sí hay un riesgo y necesitamos actuar de forma específica, pero la ansiedad es alta o desmesurada en relación con dicha amenaza (conducir, acudir a un examen, hablar en público…)

En estas ocasiones, si dicha ansiedad es moderada, nuestro desempeño en estas tareas se verá facilitado. Por el contrario, si la ansiedad es elevada, nuestra actuación se verá mermada, debido en parte a que se retiran recursos atencionales, cognitivos y conductuales para poder responder con éxito a la emergencia, pudiendo llegar a bloquearnos o incluso a huir de la situación ansiógena.

Por lo tanto, cuando experimentamos excesiva ansiedad en situaciones en las que la mayoría de las personas la sentirían de forma moderada, hablamos de un problema de ansiedad.

¿Qué factores influyen en el desarrollo de la ansiedad?

En principio, podemos categorizar en tres grandes grupos a este tipo de variables, que normalmente suelen combinarse y retroalimentarse durante un período de tiempo concreto. Estos son los factores predisposicionales, los factores desencadenantes y los factores de mantenimiento.

  • Factores predisposicionales

Las investigaciones apuntan a una propensión o vulnerabilidad biológica o psicológica en algunas personas a padecer este tipo de acontecimientos. Por ejemplo, individuos que presentan un sistema nervioso autónomo más reactivo, tendrían una tendencia mayor a desarrollar ansiedad.

La vulnerabilidad psicológica tiene que ver con aprendizajes sociofamiliares o experiencias que el individuo ha experimentado a lo largo de su vida, en muchos casos durante la infancia, y que han configurado en este una forma peculiar de entender su salud, marcada por una preocupación mayor que los demás sobre esta temática. Ejemplos de este tipo de susceptibilidad son aquellos relacionados con padres preocupados en exceso por la salud, enfermedades propias o de familiares cercanos y la muerte súbita de uno de estos.

Por otro lado, nuestros rasgos de personalidad podrían predisponernos a sufrir ansiedad. Es el caso de aquellas personas:

  • Controladoras: con necesidad de ejercer control sobre todo lo que ocurre a su alrededor.
  • Rígidas: las cuales necesitan que la realidad se corresponda con sus expectativas.
  • Perfeccionistas: individuos caracterizados por su tendencia hacia el perfeccionismo y la hiperresponsabilidad.
  • Competitivas: con tendencia a la comparación, la competencia, autocríticas, poco tolerantes a la frustración, impacientes y ambiciosas.

Otros factores predisponentes serían variables de tipo ambiental, es decir, situaciones vitales que ejercen presión sobre la persona. Dichos eventos se podrían traducir en estrés psicológico para el individuo que los sufre. Las fuentes de estrés más habituales son: dificultades laborales y/o exceso de trabajo, problemas de pareja o familiares, económicos, exámenes o problemática médica propia o de nuestros seres queridos.

 

  • Factores desencadenantes

Los factores que podrían desencadenar procesos ansiógenos están relacionados con acontecimientos que percibimos como desbordantes en función de nuestros recursos para afrontarlos, situaciones vitales con consecuencias aversivas que exigen importantes esfuerzos adaptativos, o eventos que obstaculizan conseguir logros y limitan nuestra capacidad para alcanzarlos o mantenerlos.

  • Factores de mantenimiento

Cuando no somos capaces de solucionar los problemas que originan la ansiedad, se produce un estancamiento y en consecuencia puede aumentar. Cuando la ansiedad se incrementa de forma excesiva y sostenida en el tiempo surge un problema de salud.

Dicha problemática, que no existía previamente, se debe principalmente a la forma disfuncional en que gestionamos nuestra ansiedad, pero a su vez dicha incapacidad para resolver la situación, la multiplica.

MIEDO AL MIEDO

El “miedo al miedo” es una frase que ejemplifica como la ansiedad y las situaciones ansiógenas se mantienen en el tiempo. El conjunto de reacciones fisiológicas abarcan una gran variedad de síntomas que pueden variar dependiendo de la gravedad del trastorno y de cada persona (aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, sensación de asfixia, mareo, visión borrosa, tensión muscular, dolor abdominal o en el pecho, sudor, sensación de irrealidad, flojedad en las piernas, sensaciones en el estómago, sequedad de boca, etc.) Dichas reacciones, aunque inicialmente inocuas para la salud, suelen ser muy desagradables y conducen al individuo a desarrollar conductas de escape o de evitación. Es decir, a medida que el miedo aumenta, la persona elude y no afronta aquellas situaciones o actividades que considera pueden provocarle ansiedad. Dichas formas de afrontar los estados ansiógenos a largo plazo contribuyen al mantenimiento de la ansiedad, y que, aunque persiguen regularla, solo consiguen que esta se perpetúe e incremente.

Aprende a gestionar tu ansiedad

En psicoterapia exploramos cómo se relacionan todos los factores comentados anteriormente en el desarrollo de la ansiedad cuando esta se escapa a nuestro control de forma personalizada. Analizamos las secuencias que subyacen al desarrollo y mantenimiento de esta y ofrecemos al paciente herramientas a fin de gestionar sus estados emocionales y reacciones ansiógenas de forma más saludable, tales como: técnicas de relajación, respiración, autoconocimiento, exposición, entre otras.

Si te encuentras preocupado/a, o limitado por problemas de ansiedad es posible que necesites ayuda profesional a fin de aprender a gestionarla con eficacia. Te animamos a ponerte en contacto con nosotros, sin ningún compromiso, a fin de conseguir ayuda.

Autor: X. Anxo Maciel Vilar

Psicólogo sanitario colegiado nº: M-33133

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